ADVERTENCIAS

sobre este libro: ni chairos, ni fifís

La sociedad está dividida, polarizada. No son pocas las personas que tienden a percibir la realidad de forma exa­gerada: en blanco o en negro… nada más. Asumen postu­ras extremas respecto a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador: o le aplauden todo, le justifican todo (se fanatizan), o por el contrario, lo desprecian, le toman a mal cuanto hace, se burlan de él (lo satanizan).

Entre ambos bandos se atacan, se insultan y se acu­san mutuamente ya sea de ser unos ignorantes (los “chai­ros”), o de ser corruptos, coludidos con la mafia del poder (los “fifís”).

La primera advertencia es que este libro no le va a dar gusto a ninguno de esos dos extremos porque estoy con­vencido que México no va a un desastre económico tipo Venezuela como aseguran equivocadamente los detrac­tores de AMLO, pero tampoco se va a convertir en un paraíso como creen inocentemente sus más fervientes seguidores.

Mi análisis arroja que sí existen importantes riesgos, so­bretodo en el terreno político, pero que también se pueden abrir grandes oportunidades, sobretodo en el terreno eco­nómico, al menos en la segunda parte del sexenio. Hablan­do en sentido figurado, le puedo decir amigo lector que la realidad está compuesta por una infinita gama de colores intermedios, además del blanco y el negro.

Así es que si alguien está colocado en algún extremo y califica en la categoría de “chairo” o “fifí”, por favor abs­téngase de leer este libro porque en definitiva, no es para ustedes.

AMLO y la 4T, lo que viene para México, más bien es para aquellas personas que buscan información objetiva, imparcial; que quieren conocer desapasionadamente los puntos positivos y negativos que se pueden presentar a lo largo de la actual administración.

La segunda advertencia tiene que ver con algo que siem­pre dejo en claro antes de iniciar una conferencia: nadie es poseedor de la verdad absoluta… nadie.

No creo en los iluminados. Por más títulos académicos, por más experiencia o por más éxito que alcance una per­sona a lo largo de su vida, jamás tendrá en sus manos el monopolio de la verdad.

Viene a colación porque lo que aquí encontrará amigo lector es mi punto de vista; mi forma especial de enfocar las cosas; es una opinión sobre temas complejos y así le pido por favor que sea considerada: como una opinión.

La tercera advertencia tiene que ver con el ambiente de polarización del que hablamos más arriba: no pretendo ofender o lastimar las creencias o ideologías de nadie.

Yo respeto mucho la opinión de los demás. La percep­ción que usted tenga respecto a los temas que aquí vamos a abordar. Mi único propósito es presentarle a mi punto de vista; los riesgos y las oportunidades; las buenas y malas noticias; cómo veo la situación económica y política desde mi trinchera.

Una más: nadie tiene bola de cristal. Yo no la tengo des­de luego.

Afortunadamente para mi carrera de analista, hasta el día de hoy mi número de aciertos en materia de pronóstico económico y político supera a mi número de errores, pero obviamente eso no me garantiza, no quiere decir que no me puedo equivocar; claro que podría incurrir en error en cualquier momento.

Aún así, estoy convencido que la mejor manera de apor­tar información práctica, que sea útil para tomar decisio­nes, es planteando escenarios, tendencias… proyectar a futuro.

Le pido que no se preste a confusión lo que estoy dicien­do por favor. No se trata de intentar jugarle al brujo o al adivino; eso sería algo francamente absurdo, una estupi­dez. Más bien de lo que se trata es de actuar con mentali­dad de estratega.

Un estratega por fuerza, contempla escenarios. Es parte de su naturaleza, algo de cajón.

“Contar con una estrategia significa tener la capacidad para observar el mundo y analizarlo a corto plazo y la ha­bilidad para prever las consecuencias a largo plazo…[es]…la aplicación de la inteligencia práctica en situaciones de in­certidumbre”, dice el Dr. Lawrence Freedman, Profesor de Historia Militar en el King´s College de Londres en su libro Estrategia.

Para muestra, dicen, basta un botón: parte del genio militar de Napoleón Bonaparte consistía en que el Señor actuaba como un verdadero estratega: antes de presentar batalla imaginaba lo que podría llegar a suceder.

Valoraba y asignaba una jerarquía a esos escenarios, des­de el más probable hasta el más remoto. Al mismo tiempo, planeaba cuál sería la respuesta más adecuada que él daría para enfrentar esa situación.

¿El resultado? Estar mejor preparado que sus adversarios ante cualquier contingencia o eventualidad por remota que pudiera parecer.

Esto es válido en cualquier aspecto de la vida. Wayne Gretzky, destacado jugador de hockey sobre hielo a nivel mundial, asegura que “los buenos jugadores, patinan hacia el disco, pero los grandes jugadores patinan hacia donde va a estar el disco”.

Otro caso: en el mundo de los negocios, siempre les digo a los empresarios que aunque no sean conscientes de ello, aunque no lo reconozcan o incluso no lo quieran, sus de­cisiones están íntimamente ligadas y dependen del mundo de los pronósticos.

Quién mejor describió ese nexo, esa dependencia, a mi juicio fue el economista Murray N. Rothbard quién asegu­ra que los hombres y mujeres de negocio, lo quieran o no, estén conscientes de ello o no, dependen del mundo de los pronósticos.

La razón es que su actividad, por propia naturaleza es ya un pronóstico: ellos deben invertir y pagar costos en el presente con la esperanza de cosechar un beneficio a fu­turo. Y los mejores son aquellos que cuentan con un mejor juicio para anticiparse a las tendencias del mercado (men­te de estratega). Son ellos, dice Rothbard, los que generan beneficios; los que no tienen esa capacidad sufren las pér­didas.

Por eso para mí es tan importante, un hábito, hacer ejer­cicios de prospectiva, proyectar a futuro.

Y lo hago también porque en los inicios de mi carrera profesional aprendí que es más útil para aquellas personas que buscan protegerse de los riesgos o aprovechar opor­tunidades, plantearles escenarios en vez de hablarles del pasado, en lugar de hacerles sesudos análisis sobre el mo­mento presente o incluso en vez de tratar de convencerlos de cuál es el “mundo ideal”, de que es lo que debe cambiar para que las cosas funcionen mejor.

Se lo digo porque en mi época amateur o de “godín” como se dice ahora, trabajé para una firma que organizaba congresos internacionales. Antes de que a los 24 años de edad me nombraran Director de Difusión y Prensa de esa firma, nadie me conocía y esa era una gran ventaja para mí porque podía mezclarme entre el público asistente para escuchar sus impresiones, sus críticas o conversaciones, sin que ellos notaran o les importara mi presencia.

Podía “palpar el mercado”, obtener información de pri­mera mano, a nivel de cancha, para saber qué era lo que les gustaba o le desagradaba al público de los expertos; de los que ahora son mis colegas analistas, nacionales o extran­jeros.

Infinidad de veces escuché comentarios como éste: “se ve que sabe mucho pero no le entendí nada, qué aburrido, estuvo de flojera”, “se la pasó hablando del pasado y eso a mí ya no me interesa”, “nos presentó un catálogo de cosas que según él debe hacer o cambiar el gobierno pero eso a mí no me sirve de nada; a mí lo que me interesa es cuidar mi pa­trimonio”, “a mí lo que me urge es saber qué puede pasar, no quién tiene la culpa de lo que nos está sucediendo ahora”, e infinidad de quejas por el estilo.

De ahí que una de mis aspiraciones con el libro de AMLO y la 4T, lo que viene para México, que ahora tiene usted en sus manos, es que a pesar de todas las posibles imperfec­ciones en las que se puede incurrir a la hora de plantear es­cenarios y del riesgo que se corre de equivocarse, encuen­tre usted información que le pueda ser de utilidad; una guía para comprender los desafíos que enfrentaremos a futuro.

Si la mayor parte de mis proyecciones son acertadas y logro cumplir con ese objetivo, le aseguro que el esfuerzo de publicarlo habrá valido la pena.

Erick Guerrero Rosas. Rodavento, Valle de Bravo, Sitio Sagrado, Tepoztlán y Castillo Santa Cecilia, Guanajuato, verano-otoño de 2019

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